El sacrificio escénico como acto de rebelión
Cuando una Hecatombe llega a tu vida, su fuerza explosiva, su onda expansiva, arrasa de tal manera, que tambalea rompe y deconstruye todo tu ser íntimo y social. ¿Quiénes éramos antes de esta gran catástrofe, de esta Hecatombe y quienes seremos después?
‘Hecatombe’ no es solo un espectáculo; es una invocación que indaga en la fragilidad, una huida del dolor como forma de supervivencia y una rebelión ante los roles de género. Hecatombe es la expresión profunda de una mujer que se enfrenta a si misma. Una mirada personal al amor roto, al amor propio, hurgando en la herida en tres direcciones: la vida, la muerte y la profesión. Una creación que parte de la concepción de utilizar la escena como un lugar para la “venganza”. Una «venganza» poética que nace de la necesidad espiritual y material de La Castañeda de hacer justicia a su propia dignidad como ser humano. Utilizando el término griego HEKATOMBÊ (el sacrificio de cien bueyes con referencias en la Ilíada y la Odisea), la pieza transforma una catástrofe personal íntima y privada en un acto de catarsis compartida, donde el dolor se ofrece como sacrificio para poder trascenderlo.
A caballo entre las artes vivas, la auto ficción y el lenguaje audiovisual, la obra aborda sin filtros y con una gran carga poética temas como la precariedad, el abuso de poder como sistema estructural, la no maternidad y la relación con un cuerpo «colonizado» e invadido que se reconoce y se rebela. Es un viaje de vuelta hacia una misma, un tránsito desde el «vómito» emocional hasta la reivindicación de la Diva, de la mujer que decide recuperar su fe y su lugar en el mundo.
Claves de la
propuesta
- Hibridación de lenguajes: la pieza parte de una experimentación con el lenguaje audiovisual a través de 60 videos de 1 minuto que fueron grabados en un proceso de rehabilitación emocional y que se utilizaron como punto de partida para generar la dramaturgia. Hecatombe es una pieza de artes en vivo, pero sin prescindir del lenguaje más puramente teatral y poniendo en el centro el cuerpo como instrumento canalizador.
- Activismo escénico: María Castañeda se aleja de la actriz que busca complacer, para presentarse como una «activista de la escena», trabajando desde una honestidad brutal y la libertad de las artes en vivo que le permiten no ceñirse a lo puramente argumentativo para habitar y contar desde otro lugar mas intuitivo.
- Proceso de investigación: la obra cuenta con la mirada externa de Alberto Cortés, referente de la creación contemporánea, lo que garantiza una factura artística arriesgada y conectada con las nuevas corrientes escénicas.